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LA LEY DE LA VIDA CON CRISTO

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es . . ." (2 Corintios 5:17)

Lección 15

Cómo Vivir la Vida Cristiana
  

En esta lección estudiaremos la ley de Dios. Queremos ver qué papel desempeñó la ley para hacernos cristianos y cómo Cristo hizo posible para nosotros el cumplir las justas demandas de la ley. Aprenderemos a vivir la vida cristiana. Empecemos por pensar en la ley de Dios.

LA LEY DE DIOS

En el Monte Sinaí Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos
¿Qué queremos decir cuando hablamos de "la ley de Dios"? Queremos decir los mandamientos de Dios.
¿De dónde vino la ley? La ley vino de Dios. En el Monte Sinaí Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos. Dios escribió estos mandamientos en tablas de piedra con Su propio dedo.
EN LOS DIEZ MANDAMIENTOS, Dios dijo: Debes amarme y adorarme sumamente y no permitir que nada tome lugar antes que Yo; no debes hacer imágenes ni inclinarte ante ellas; no debes tomar mi Nombre en vano; guarda el día de reposo para santificarlo; debes honrar a tus padres; no debes matar; no debes cometer adulterio, no debes robar; no debes mentir y no debes codiciar o desear algo que pertenece a otra persona.
Sin embargo la ley de Dios incluye más que simplemente los Diez Mandamientos. Hay otros muchos mandamientos de Dios en la Biblia que también están incluidos en Su santa Ley.
La ley de Dios es la expresión de Su voluntad; nos dice qué cosas son correctas y cuáles no lo son ante Dios. La Biblia dice:
Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien . . . (Deuteronomio 6:18).
Cuando quebrantamos la ley de Dios, cometemos pecado y sabemos que el resultado del pecado es la muerte. La Biblia dice:
. . . el pecado es infracción de la ley (1 Juan 3:4).
La paga del pecado es muerte . . . (Romanos 6:23).

¿HAN GUARDADO LOS HOMBRES LA LEY DE DIOS?

No, no lo han hecho. Ninguno, excepto el Señor Jesucristo, jamás ha guardado perfectamente la ley de Dios. La Biblia dice:
ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Romanos 3:20).

LO QUE LA LEY NO PUDO HACER

La ley de Dios es buena, santa y justa, pero hay tres cosas que no podía hacer:
1 La ley no podía perdonar el pecado.
2 La ley no podía dar vida eterna.
3 La ley no podía hacer buenos a los hombres.
La ley decía a los hombres lo que debían hacer, pero no podía darles el poder de hacerlo.

¿QUÉ HIZO LA LEY?

Si la ley no podía salvar a los hombres ni podía hacerles buenos, ¿que, pues, hizo la ley? La ley hizo tres cosas:
1 La ley enseñaba a los hombres lo que es el pecado.
2 La ley condenaba al pecador.
3 La ley enseñaba a los hombres que ellos necesitaban un Salvador.
Consideremos ahora el caso de un hombre en el Antiguo Testamento y veamos cómo la ley dio estas tres llaves para abrir la puerta de las dudas:
LA LEY ENSEÑABA A LOS HOMBRES LO QUE ERA EL PECADO
ANTES QUE FUERA DADA LA LEY, un hombre que robaba algo podría decir que no sabía que eso era pecado. Pero después que la ley fue dada, cuando alguien tomaba algo que pertenencía a otra persona, sabía que había pecado. La ley le enseñó que era pecador. La Biblia dice:
. . . porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado
(Romanos 3:20).
LA LEY CONDENABA AL PECADOR

La ley de Dios no sólo enseñó al hombre que era pecador, sino que hizo algo más: Le condenó a muerte. La Biblia dice:
El alma que pecare, esa morirá (Ezequiel 18:20a).


LA LEY ENSEÑABA A LOS HOMBRES QUE ELLOS NECESITABAN UN SALVADOR

¿Qué sucedió cuando el hombre comprendió que era pecador y que estaba condenado a muerte? ¡Se dio cuenta de que necesitaba un Salvador!

cuando lo ofrecía, esperaba la venida del Señor Jesús, el Cordero de Dios, y Dios aceptaba su sacrificio

¿Qué hizo?Por fe llevaba un cordero y lo ofrecía como sacrificio por sus pecados. ¿Le quitaba los pecados el sacrificio de ese cordero? No, pero, cuando lo ofrecía, esperaba la venida del Señor Jesús, el Cordero de Dios, y Dios aceptaba su sacrificio.
¿Qué había hecho la ley por este hombre? La ley le había enseñado que era un pecador y que necesitaba un Salvador.

¿QUE HACE LA LEY POR NOSOTROS?

Actualmente la ley hace por nosotros las mismas tres cosas que hacía por los hombres del Antiguo Testamento:
1 La ley nos enseña lo que es el pecado.
2 La ley nos condena.
3 La ley nos enseña que necesitamos a Cristo como nuestro Salvador.
Ahora bien, hemos visto el propósito de la ley. ¿Cuál es? El propósito de la ley es llevarnos a Cristo para que seamos justificados por la fe. La Biblia dice:
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe (Gálatas 3:24).

CRISTO ES NUESTRO SALVADOR

Hemos visto que la ley nos lleva a Cristo. Ahora veamos lo que Cristo hizo por nosotros cuando Él nos salvó:
1 Cristo nos redimió de la maldición de la ley.
2 Cristo nos libró del dominio de la ley.
3 Cristo regresó a vivir en nosotros.
Bien, pensemos ahora en estas otras tres llaves:
CRISTO NOS REDIMIÓ DE LA MALDICIÓN DE LA LEY
LA LEY EXIGÍA obediencia perfecta. Los que quebrantaban la santa ley de Dios caían bajo la maldición de la ley. La Biblia dice:
Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas (Gálatas 3:10b).
Debido a que habíamos quebrantado la ley de Dios, estabamos condenados a la muerte, pero Cristo nos redimió de la maldición de la ley. ¿Cómo lo hizo? Mediante Su muerte por nosotros. Él llevó la pena de la ley quebrantada por nosotros. La Biblia dice:
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición . . . (Gálatas 3:13).
CRISTO NOS LIBRÓ DEL DOMINIO DE LA LEY
Cristo no solamente nos libró de la maldición de la ley, sino también nos libró del dominio de la ley. Es decir, nos libró de la creación antigua en Adán, donde la ley reina sobre los hombres.
¿Cómo nos libró Cristo del dominio de la ley? Mediante nuestra muerte con Él. Cuando morimos juntamente con Cristo, salimos de la creación antigua y entramos al reino del Hijo de Dios. Ya no somos esclavos del pecado bajo la ley, sino somos hijos de Dios bajo la gracia.
La Biblia dice:
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley,
sino bajo la gracia (Romanos 6:14).
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia
JESÚS REGRESÓ A VIVIR EN NOSOTROS
Como hijos de Dios, demostramos a nuestro Padre celestial que le amamos cuando guardamos Sus mandamientos. ¿Pero cómo podemos guardar los mandamientos? Jesús hizo algo para hacer esto posible: El regresó a vivir en nosotros.
¿Por qué volvió el Señor Jesús para vivir en nosotros? Él volvió para cumplir la justa exigencia de la ley en nosotros.
Bajo la ley yo trataba de guardar las exigencias justas de Dios, pero fallaba. Ahora el Señor Jesús ha venido a vivir en mí, y Él dice: "Cumpliré los mandamientos en ti".
Veamos cómo funciona esto. Sabemos que la ley exige que amemos a otros. Este mandamiento de Dios es bueno y correcto, pero yo no he podido cumplirlo.
“El amor de Dios está derramado en nuestros corazones”.
Ahora Cristo ha venido a vivir en mí. ¿Ama Él a otros? Sí, les ama. Él murió por ellos también. Cuando el amor de Cristo mora abundantemente en mi corazón, amaré aun a mis enemigos. Lo que la ley no pudo hacer exigiéndomelo desde afuera, Cristo lo hace en mí.

CÓMO VIVIR LA VIDA CRISTIANA

En Gálatas 2:20, el apóstol Pablo nos ha dicho cómo vivir la vida cristiana. He aquí lo que él dijo:
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).
Este es un versículo clave en la vida cristiana. Debes memorizarlo y saber lo que significa. Bien, consideremos el versículo.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado"
La realidad de que fuimos crucificados con Cristo es la base para la victoria sobre todo enemigo en la vida cristiana. Por nuestra muerte, sepultura, y resurrección con Cristo, hemos sido librados del poder del pecado, el Yo, la carne, el mundo y Satanás. Esta es nuestra posición en Cristo, y debemos contar con ella. Recuerda:

"Y YA NO VIVO YO, MAS CRISTO VIVE EN MÍ"

Dios tuvo un gran propósito al crucificarnos con Cristo. ¿Cuál fue? Dios nos crucificó juntamente con Cristo para que nuestra vida vieja de egoísmo pudiera ser terminada para que Cristo viviera Su vida en nosotros.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13
La Biblia dice que Cristo es "el poder de Dios", Él vive en nosotros, y ha sido hecho en nosotros todo lo que necesitamos. La Biblia dice:
Mas por él (Dios) estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:30).
¿CÓMO PUEDO YO SER JUSTO? La respuesta es:"Cristo en mí"; Él es mi santidad. ¿Cómo puedo vencer las tentaciones? La respuesta es: "Cristo en mí"; Él es el Victorioso. ¿Cómo puedo cumplir con la justicia de la Ley? La respuesta es: "Cristo en mí"; Él es quien siempre hace la voluntad de Dios.
"LO QUE AHORA VIVO EN LA CARNE, LO VIVO EN LA FE, la fe en el Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a Sí mismo por mí".
Hemos estado hablando acerca de la vida cristiana, pero, ¿qué es ésta? ¿Será que yo me comporte lo mejor que pueda? No, no es eso. ¿Será que procure por mis propias fuerzas cumplir con la ley? No, no es eso. ¿Será que Cristo me está ayudando a vivir la vida cristiana? No, tampoco es eso. La vida cristiana es Cristo viviendo Su vida en mí. El apóstol Pablo dijo:
Porque para mí el vivir es Cristo (su vida en mí) . . . (Filipenses 1:21).
“YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO EN MÍ”
Siendo así, pues, ¿cómo vivimos la vida cristiana? La vivimos por la fe. Esto quiere decir que la vivimos confiando en Cristo para que viva Su vida en nosotros. Cristo vive en nosotros, y mientras contamos con que Él vive Su vida en nosotros, Él es fiel y lo hará.
EMPIEZA HOY A RECONOCERLE, es decir, a darte cuenta de que Cristo realmente vive en ti. Cuando despiertes en la mañana, di a ti mismo:
"¡Cristo vive en mí!"
Recuerda esto con frecuencia durante el día. Regocíjate en todo lo que Cristo es y en todo lo que Él significa para ti. Habla con Él a menudo. Dile que le amas y que quieres agradarle en todo lo que haces. Cuenta con Su vida en ti. Di con el apóstol Pablo:
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).

FUENTE UBDAVID.ORG

Guía para aprender a perdonar



Consejo no. 1: Perdone y recuerde

Por lo general, ponemos juntas las palabras “perdonar” y “olvidar”, pero para perdonar de verdad, tenemos que recordar. El apóstol Pablo dice que nuestro deber de perdonar a los demás depende de recordar el perdón que recibimos de Dios. “De la manera que Cristo os perdonó”, escribe, “así también hacedlo vosotros” (Col 3.13). No solo debemos recordar que Dios nos perdona, sino también imitar cómo Él lo hace: con misericordia, con generosidad, y por completo.
Podemos sentirnos tentados a mantener un “registro de agravios”, pero el amor impide eso (1 Co 13.5). El mundo incrédulo tiende a alimentar rencores contra quienes nos han causado algún mal, pero como seguidores de Cristo, perdonamos con generosidad sin esperar nada a cambio.
Aplicación: Perdone por completo, haga borrón y cuenta nueva. Perdonar no significa olvidar la ofensa. Después de todo, usted es humano, y no puede olvidar totalmente. Peor aun, pretender que nunca sucedió nada malo, impide que haya sanidad. Cuando recuerde la falta cometida contra usted, véala como una oportunidad para recordar la gracia de Dios para con usted, y por medio de usted para con el ofensor.

Consejo no. 2: No se limite a decir unas simples palabras

Desde la perspectiva cristiana, el perdón requiere mucho más de nosotros que unas breves palabras. El escritor Thomas Watson dio una respuesta sorprendente a la pregunta: ¿Qué es el perdón? Él escribió: “Perdonamos cuando luchamos contra todo pensamiento de venganza; cuando no pensamos hacer ninguna mala jugada a nuestros enemigos, sino que les deseamos lo mejor, nos afligimos por sus calamidades, oramos por ellos, buscamos la reconciliación con ellos, y nos mostramos listos todo el tiempo para aliviarlos”. En otras palabras, el perdón requiere de una acción misericordiosa interior antes de que podamos llevar a cabo una acción misericordiosa exterior (véase el consejo no. 4). Gran parte de este trabajo interior puede hacerse sin el conocimiento del ofensor. La frase de Watson “luchar contra”, reconoce lo extenuante que puede llegar a ser el perdón, exigiéndonos que nos opongamos de forma activa y enérgica a la inclinación natural de agredir física o verbalmente a la otra persona, o de retirarle nuestro afecto.
Aplicación: Evite atacar a los demás o apartarse de ellos, y busque oportunidades para celebrar los triunfos de su ofensor. No se alegre cuando esta persona sufra, sino acompáñela en su aflicción. Trate de “aliviar” sinceramente a esa persona, y busque el momento adecuado para la reconciliación. Todo este trabajo del corazón le permitirá a usted, cuando llegue el momento, ofrecer un perdón auténtico.

Consejo no. 3: Comience con poco

Practique el perdonar a otros por sus pequeñas faltas a lo largo de cada día, tales como que otro conductor se le adelante en el tráfico quitándole su derecho en la vía, o que reciba una ofensa no intencional. Si lo hace, eso transformará poco a poco su corazón con el tiempo, haciendo posible que perdone a otros cuando surjan conflictos más grandes y más serios.

Consejo no. 4: Evite guardar rencor

Podríamos tener la tentación de no hacer caso a la falta cometida contra nosotros, asumiendo la responsabilidad total o parcial. Frases como: “probablemente me lo merecía”, o “tiene que haber sido cosa de los dos”, puede ocultar los sentimientos reales. Este falso proceder parece ser sabio, pero sepultar el dolor planta semillas que producen después un fruto amargo.
Aplicación: Cuando usted reciba un agravio, busque la oportunidad de hacer algo en bien del ofensor. Orar por el ofensor es un buen comienzo. Hacer esta obra de amor y misericordia hará más fácil desarraigar el resentimiento.

Consejo no. 5: Busque misericordia más que justicia

En nuestra cultura, que aplaude la venganza antes que la misericordia, la idea de la justicia bíblica se les escapa a muchos, incluyendo a los cristianos. Algunas personas utilizan frases como: “el castigo debe ser proporcional al delito”, y concluyen falsamente que la justicia y la misericordia no pueden coexistir. Estas personas ignoran la estrecha conexión que debe haber entre ambas, como lo ilustra la Biblia mediante expresiones de profundo perdón cuando pudo haberse hecho “justicia” mediante la violencia.
Pensemos en José (véase Gn 37, 39–47). Imaginemos su historia contada dentro de las normas culturales de hoy. En vez de perdonar a sus hermanos, José habría ejecutado su largamente esperada venganza por medio de una cruel venganza o de una larga batalla legal. Esto puede sonar ridículo a nuestros oídos, pero las películas y los libros (las “biblias” del mundo de hoy) cuentan historias semejantes todo el tiempo. ¡Cuánto más grande y más conmovedora es la historia del José real! Él prefirió perdonar cuando nadie le habría negado su derecho de vengarse.
Aplicación: ¿No le ofrece su vida oportunidades semejantes para perdonar? Un compañero de trabajo exagera sus logros, y recibe un ascenso que debió haber sido de usted. Alguien traiciona su confianza, y le hace perder a un amigo. Un cónyuge miente, poniendo en peligro el matrimonio y la familia. No importa qué tan problemático pueda ser el caso, deje que Dios le revele la manera de cómo la misericordia y la justicia pueden combinarse.

Consejo no. 6: Perdone a sus enemigos

En la mañana del 2 de octubre de 2006, Charles Roberts entró en una escuela Amish de Nickel Mines, Pensilvania. Un poco más de media hora después, cinco niñas estaban muertas, cinco más heridas, y la paz de la comunidad hecha añicos para siempre.
Sin embargo, el mismo día, mientras que los cuerpos seguían sin enterrar, se escuchó decir a un abuelo Amish a sus parientes jóvenes: “No debemos pensar mal de este hombre”. Roberts se había quitado la vida durante la crisis, y en los días que siguieron, la comunidad trató con misericordia y perdón a su familia, asombrando al mundo por su benignidad.
La respuesta Amish de misericordia y perdón fue extraordinaria por su singularidad en un mundo fascinado por la justicia. Uno de los autores del libro Amish Grace (La misericordia de los Amish), Donald Kraybill, descubrió que la respuesta no era sorprendente sino natural. Dice que el perdón está entretejido en la cultura Amish. Su vida comunitaria exige un espíritu de perdón, y por eso lo practican como un estilo de vida, cultivándolo, como lo requiere la Biblia.
No todas las personas tienen un enemigo, es decir, a alguien que las haya agraviado continuamente, con malicia, sin pensar en el bienestar de ellas. Si usted tiene un enemigo, la obra del perdón comienza con una oración para recordar la gracia de Dios hacia usted. Una de las tareas del Espíritu Santo es “convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16.8). Solo Él puede producir el cambio de corazón necesario para que podamos ver nuestro pecado, reconocer la justicia de Cristo, y ver que el juicio le pertenece a Dios.

Las Mentiras Mas Comunes


¿Quién no ha dicho una mentira alguna vez en su vida? Por muchas razones o eventualidades todos nos hemos visto en la necesidad de decir una mentira. A las mentiras que no tienen mayor trascendencia solemos llamarlas mentiras blancas.

Pero en realidad, mentimos porque no queremos hablar de algo que nos avergüenza o porque procedimos erróneamente, porque alguien no nos inspira confianza o por infinidad de motivos. A continuación mencionaremos algunas mentiras que todos hemos dicho en alguna oportunidad para justificar las verdaderas razones.

-“Salí de casa tan rápido que deje la tarea en mi escritorio”
Es la justificación más común cuando no hemos podido cumplir con las tareas.
-“Se me bajó la llanta del mi carro”
Esta mentira la decimos siempre que queremos excusarnos por haber llegado tarde a algún evento.
-“Eres muy guapo pero no eres mi tipo”
Esta mentira siempre le decimos a un amigo/a para no hacerlo/a sentir mal.
-“Se me descargó la batería”
Después de cerciorarte quien es la persona que te está llamando y es alguien con quien no quieres hablar, apagas el celular. Esta mentira se pone en duda la primera vez pero la segunda es casi seguro que no te creerán.
-“Ahora vienen las del estribo”
Siempre dicen esta mentira los que no quieren dejar de seguir bebiendo.
-“Te ha parecido no he sido yo”
Decimos esta mentira cuando no queremos que nuestra pareja compruebe que eras tú quien estaba con otra persona con actitudes inapropiadas.”
-“Me hackearon mi Facebook”
Es la excusa perfecta para justificar que no pudiste entrar al Facebook para entablar comunicación con alguien con la que tenían previsto realizar algo valioso.
-“Muchas gracias, pero acabo de almorzar”
Esta es una buena excusa para que no se den cuenta que no te agrada lo que te van a ofrecer. Que lo digas en tu casa no se vería mal pero en algún otro lugar puede sonar muy descortés.
-”Me quede sin sencillo”
Esta mentira es de la más bochornosa que nos obligamos a decir en algún momento, pero lo más recomendable es que si no tienes dinero quédate en casa.
-“Estoy muy agotado, no podré ganarte”
Las personas que dicen esta mentira son porque generalmente no les gusta perder y en esta vida debemos aprender a que no siempre se gana.
-“Esta decidido el lunes comienzo mi dieta.”
Todas las personas que han subido unos cuantos kilos demás dicen ésta mentira para consolarse asimismo. Deberíamos preguntarles porque no la empezaron hoy.
-“En este preciso momento te iba a llamar.”
Con ésta mentira justificamos el no haber llamado alguien con quien teníamos algo muy importante que resolver.

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El Padre de Familia Como Líder

Como líder de familia, el padre de familia tiene el compromiso de plagar y contagiar a todos los que le rodean de valores como el respeto, la nobleza, responsabilidad, humildad, honestidad, honradez, etc...
¿Te sorprende? Bueno pues no lo dudes, si recuerdas alguna vez haber escuchado que los niños aprenden de lo que ven, es muy cierto y nosotros mismos nos comportamos de acuerdo a patrones de conducta que alguna vez vimos a nuestrospadres realizar; por ejemplo, la forma de caminar, las frases que utilizamos cotidianamente, incluso la manera de afrontar los problemas, las reacciones que tenemos y la forma en que miramos, de tal forma es lógico esperar que nuestros hijos tengan patrones de comportamiento similares a los nuestros y de nuestra pareja.
Los niños aprenden de todos los adultos que los rodean: los maestros, los tíos, los abuelos y en ausencia de un ejemplo sólido y constante de los padres, éstos fijan sus patrones en otros.
Las familias son sociedades conyugales constituidas por un bien social, por el bien de la humanidad, sin embargo debemos meternos en la cabeza que “la capacidad de conducir una familia no radica en el carisma u otras cualidades innatas” [1].
Quienes lideran deben poner especial atención en la responsabilidad que implica la libertad de elegir [1].
Recuerda cuando de novios con tu pareja alguna vez imaginaron como sería su vida de casados, ¡como serían sus hijos!, cuantos tendrían, en donde vivirían, esa es la visión que juntos vislumbraron, esa la visión que como líder no debes perder de vista, es ahí donde comienzas a luchar por conseguirlo.
Y si los hijos llegan, creas otra visión que te llevará a conseguir lo que quieres para ellos en el futuro. No subestimes el poder de la actitud positiva y es que los problemas económicos, sociales y conyugales a veces superan nuestra idea de soportarlas, esta situación es solo eso “idea”, es el poder de la actitud positiva lo que le permitirá encontrarle solución a sus problemas.
La actitud positiva libera el entusiasmo encerrado en los individuos [1].
Lo que realmente me asusta de esto es que los malos hábitos como el abuso del alcohol y la dependencia a menudo se transmiten de padres a hijos y las familias disfuncionales se repiten a sí mismas [2]. Pero esto solamente terminará ahora que tú lo decidas, llenando tu entorno y tu persona de buenos hábitos porque primero hacemos los hábitos, y luego nuestros hábitos nos hacen a nosotros.
Enseña con ejemplos a tus hijos practicando buenos hábitos. Como líder de familia (o padre de familia) tienes el compromiso de plagarte y contagiar a todos los que te rodean de valores como el respeto, nobleza, responsabilidad, humildad, honestidad, honradez, etc.
¿Qué padre de familia eres?
¿Qué padre de familia quieres ser?
¿Creíste que no eres líder?

Artículo enviado por: ING. FELIX ALVAREZ GÓNGORA

fuente: www.promonegocios.net